Superar los límites de las pruebas en tanque con CFD

6 min de lectura Fluidodinámica CFD

Hasta ahora hemos hablado de la comparación entre los ensayos en tanque (al menos en parte) y lo que hoy se puede simular con fiabilidad mediante dinámica de fluidos computacional (CFD). Sin embargo, existen algunas aplicaciones en las que el tanque experimental resulta poco adecuado o incluso ineficaz, como la autopropulsión, los efectos de los apéndices y las maniobras.

Estudiar la autopropulsión

Sí, en un tanque de ensayos se pueden realizar pruebas de autopropulsión: en lugar de imponer la velocidad mediante el carro puente, se utiliza un modelo de casco equipado con una hélice operativa y se deja que el avance sea generado por el empuje de la hélice.

El problema es que, mientras que para el casco la similitud de Froude garantiza una buena correlación entre el modelo y la escala real, cuando entran en juego los datos de la hélice, las correlaciones son más débiles. Esto no afecta tanto a las prestaciones propulsivas globales como, sobre todo, a fenómenos como la cavitación, que puede ser muy diferente a escala de modelo y a escala real del buque. Además, incluso cuando el fenómeno fuera cualitativamente comparable, resulta extremadamente difícil obtener en el tanque magnitudes como el área de cavitación de una hélice instalada bajo un casco en condiciones de autopropulsión.

En estos casos, un tanque virtual (un análisis CFD a escala real de un cuerpo impulsado por un sistema propulsor modelizado con distintos niveles de detalle) ofrece dos ventajas principales:

  • Permite estimar con mayor precisión las prestaciones macroscópicas, como la resistencia total y la potencia requerida.
  • Proporciona información muy detallada sobre la interacción entre el casco y la hélice, gracias a resultados como los mapas de presión y las líneas de corriente bajo el casco. Se trata de datos difíciles o prácticamente imposibles de medir en un tanque de ensayos y que, por tanto, en la práctica casi nunca se obtienen.

Esta metodología permite establecer una correlación directa entre el régimen del motor y la velocidad de la embarcación, y proporciona información hidrodinámica adicional, como la influencia del campo de presión generado por el casco en el funcionamiento de la hélice, en términos de eficacia y eficiencia propulsiva. Son datos que solo pueden obtenerse, en la práctica, mediante análisis virtuales y que pueden marcar la diferencia entre un diseño estándar y otro realmente optimizado.

La limitación del tanque de ensayos resulta aún más evidente cuando se considera una embarcación propulsada por waterjet: realizar un ensayo experimental representativo y cuyos resultados puedan correlacionarse con los de escala real es muy complejo, mientras que, desde el punto de vista numérico, la dificultad de simular un waterjet no es sustancialmente mayor que la de simular hélices.

La optimización pasa por los detalles

Los apéndices son todos aquellos elementos situados bajo la embarcación que no forman parte del casco propiamente dicho (es decir, no son “carena” en sentido estricto), pero que siguen siendo necesarios porque desempeñan funciones fundamentales en el comportamiento de la embarcación.

En general, pueden ser:

  • Superficies de control, como timones y aletas estabilizadoras, cuya función es gobernar y estabilizar la embarcación.
  • Elementos y mecanismos de propulsión o soporte, como el eje de la hélice y el arbotante, que no gobiernan la embarcación, pero son “cuerpos externos” respecto al casco y, aun así, influyen en la navegación.

Aunque algunos de estos efectos puedan parecer marginales, en realidad pueden ser relevantes: por ejemplo, el arbotante y el eje pueden influir en la resistencia, los flujos y las vibraciones. Más aún, es fundamental caracterizar correctamente las superficies de control (timón y aletas), ya que tienen un impacto directo en la maniobrabilidad y la estabilidad.

Dentro de este mismo mundo se incluyen también detalles locales de la geometría del casco que, aunque sean pequeños, tienen efectos importantes, como:

  • El scoop (un abultamiento o modificación local cerca de las descargas sumergidas) para garantizar una descarga adecuada y evitar que los gases de escape interfieran con la hélice, provocando problemas de vibraciones y de eficiencia propulsiva.
  • Los túneles, que permiten alojar las hélices con mayor facilidad (por ejemplo, con menores ángulos del eje) y, al mismo tiempo, crear condiciones de presión más favorables para el funcionamiento de la hélice.
  • Los steps (o redanes), que permiten el desprendimiento del flujo y reducen la resistencia de la embarcación.
  • Los correctores de trim fijos (interceptor y wedge, pero también los propios patines) o móviles (flaps), situados hacia popa para modificar el trim, eventualmente de forma dinámica.

En resumen: los apéndices y las modificaciones locales no siempre cambian “a lo grande” las prestaciones globales, pero a nivel de detalle pueden marcar la diferencia entre una embarcación fácil y confortable y otra más incómoda, más ruidosa o más crítica de gobernar durante la navegación.

Los apéndices también pueden estudiarse en un tanque de ensayos, pero requieren complementar la similitud de Froude con una corrección relacionada con Reynolds. Esto aumenta la complejidad e introduce hipótesis adicionales, aunque estén ampliamente consolidadas.

En cuanto a los detalles locales del casco, se puede evaluar sin duda su efecto (por ejemplo, en términos de corrección del trim), pero no su funcionamiento, es decir, no es posible comprender en detalle cómo se modifica el campo de presión debido a los detalles geométricos.

Simular las maniobras

El siguiente paso conceptual es este: si se puede simular un timón fijo bajo una embarcación para caracterizarlo, por ejemplo, en términos de resistencia (como apéndice), el paso natural siguiente es utilizarlo para aquello para lo que realmente sirve, es decir, moverlo para evaluar cómo contribuye a la maniobrabilidad de la embarcación.

Este tipo de análisis se vuelve rápidamente muy difícil en un tanque de ensayos: solo se pueden realizar unas pocas maniobras y no en todas las instalaciones, sino únicamente en aquellas que disponen de equipos específicos.

En un entorno virtual, en cambio, es posible liberarse de las limitaciones del tanque y simular un escenario más realista: una embarcación propulsada por su propio sistema (hélice o vela) y un timón que se desvía siguiendo unas órdenes definidas.

De este modo se puede estudiar:

  • el comportamiento del timón, es decir, las presiones y fuerzas generadas por el flujo sobre el timón (y viceversa);
  • el efecto sobre la maniobra, es decir, cómo una determinada deflexión del timón se traduce en una respuesta determinada de la embarcación.

Además, tanto la propulsión (hélice/vela) como el timón pueden gobernarse mediante leyes de control que reproducen maniobras reales: por ejemplo, una maniobra estándar a ±30° puede reproducirse imponiendo exactamente la curva temporal con la que debe moverse el timón, así como los tiempos y los límites.

El resultado es que maniobras que normalmente solo podrían evaluarse sobre una embarcación real (con todas las dificultades operativas y los costes que implica) pueden analizarse ya durante la fase de diseño, sobre un gemelo digital de la embarcación. De este modo, estos análisis se integran directamente en el ciclo de diseño, ayudando a hacer converger la geometría y la configuración hacia una solución no solo válida, sino lo más optimizada posible.

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